PRADENCS ILUSTRES - MARGARIDA O MARGARITA DE PRADES (II)

 La bella Margarida de Prades no nació en Prades, seguramente nacería en Falset, hoy en día capital de la comarca del Priorat pero que no pertenecía la Priorat histórico. Vaya, un lío. Eso sí, se sabe que nació en el año del Señor de 1.387, año más o año menos.

Falset y su castillo
Falset y su castillo medieval


Se llama de Prades porque era la nieta de uno de los condes de Prades, el llamado Joan de Prades.

Con 12 añitos se queda huérfana de padre y entra a servir de dama de compañía a la entonces Infanta María de Luna. En 1.399 está documentado que acompañó a la noble dama en su coronación como reina de Aragón. Ya por entonces, con sus 12 añitos estaba considerada como un bellezón según los cánones de la época.

Como dama de la corte, Margarida se cultivó, le encantaban los libros, y fue creciendo en belleza y encanto.

Cuando muere el heredero del rey Martí, este pese a su deseo, se ve obligado, incluso por el papa Luna, Benedicto XIII, a contraer nuevo matrimonio con el único fin de fabricar un heredero legítimo.  El rey pensó que para qué iba a buscar mucho si allí mismo tenía a la reina perfecta, joven, bella y culta y se casó con Margarida en Barcelona en 1409, siendo el propio papa Luna quien los casara.

Boda de Martin el Humano
Benedicto XIII oficiando la boda


La pobre Margarida no tuvo ninguna opción a protestar porque la casaran a sus 21 añitos con un “viejo” de 53 y además gordo y desmotivado. Razones de Estado.

Martin el Humano
Martin el Humano y su segunda esposa Margarita de Prades


Se ve que el rey, por mucho que lo intentara y a pesar de la belleza y la juventud de su esposa, tenía problemas con “levantar el pabellón real” y los meses pasaban y la reina seguía tan entera como el primer día y las esperanzas de un heredero se diluían.

La reina iba a Montserrat a implorar a la Moreneta, pero por mucho empeño que le ponía, el rey no “daba la talla”, y no precisamente en kilos.

Es ahí donde entra el artilugio que hemos visto en la serie. La verdad es que esto se sabe por los cotilleos del bufón Antoni Tallander, apodado mossèn Borra. Era un bufón de la corte de Alfonso V, rey de la nueva dinastía sucesora de Martí l’Humà, por lo que hay que poner muchas comillas y muchos interrogantes en que esto fuera verdad.

Martin en los Herederos de la Tierra
Fotograma de "Los Herederos de la Tierra"


El aparatito de marras según el bufón, consistía en un sistema de poleas que manejaban los sirvientes para poder izar la mole del rey que iba con sus colgajos al aire y colocarlo lo más cerca posible de la pobre Margarida  a ver si podían llegar a juntar las parte nobles de sus majestades. Y todo esto delante del nutrido grupo de sirvientes y damas de la corte que “ayudaban a encauzar el pabellón real”.

Aparte estaban todos los potingues, bebedizos y demás guarrerías supuestamente afrodisíacas que le daban a beber al rey a ver si conseguían que el “pajarito” real levantara el vuelo.

Como quedó patente, ni rezos ni artilugio ni potingues consiguió que los reyes consumaran el matrimonio y al cabo de ocho meses desde la boda, el rey murió oficialmente víctima de la peste que en 1410 afectó a Barcelona y extraoficialmente envenenado por todas las porquerías que le dieron a beber.

Tumba Martin el Humano
Tumba de Martí l'Humà (Martin el Humano)


La joven, bella y virgen reina Margarita queda viuda y ve cómo la corona de Aragón pasa a poder de los nobles castellanos de la casa de Trastámara tras el llamado Compromiso de Caspe.

A ella, como reina viuda se le asigna una “pensioncita” para ir viviendo y ella reúne a su alrededor toda una corte de poetas y escritores, juglares y glamurosos cortesanos. Margarita a sus 22 añitos quería vivir la vida que como reina le correspondía, pero eso suponía no volver a casarse ya que con un nuevo matrimonio, su estatus de reina viuda junto con todo lo que llevaba aparejado, dinero incluido se iba al garete.

¡Y Margarida se enamoró!

Margarida iba dando vueltas por los castillos de sus súbditos de sarao real en sarao real y en uno de ellos conoció a un chico valenciano, Joan de Vilaragut del que cayó rendida a sus encantos.

Tenemos a una chica joven, viuda pero que no ha conocido varón y a un caballero bien plantado, buen espadachín y con labia y hubiera sido muy difícil que Margarida no se enamorara hasta las trancas.



Nuestra prota estaba muy enamorada pero también era nuy devota y por lo tanto el tener a Joanet como amante no acababa de satisfacerla del todo, por lo que decidió casarse en secreto para no perder sus privilegios de viuda real. La ceremonia tuvo lugar en el palacio real de Valencia, con sacerdote incluido pero sin testigos, de manera que nadie supiera que su chambelán era en realidad su marido.

Claro está que puedes mantener en secreto un matrimonio si tienes mucho cuidado y disimulas muy bien, pero mantener en secreto el embarazo que siguió poco después a la boda, pues es mucho más difícil.

De momento puso distancia con la corte valenciana y se fue a Perpinyà, donde instaló su nueva corte mientras pudo disimular el bombo con los amplios ropajes de la época. Cuando esto ya no fue posible se retiró “a descansar” en el convento de monjas agustinas de Sant Salvador, donde dio a luz a un niño al que llamaron Joan Jeroni.

Sant Salvador de Perpinyà
Convento de Sant Salvador en Perpinyà


El tren de vida de Margarida necesitaba ir insuflando dinerito y el rey del momento, Fernando I, decidió que ya estaba soltando mucha guita y pensó en casarla con el conde Joan de Foix y matar dos pájaros de un tiro; se aseguraba la lealtad del conde hacia la nueva rama Trastámara y dejaba de pasar la pensión a la reina viuda que era una señora pasta.

Lógicamente la reina viuda tuvo que confesar al rey que ya estaba casada en secreto, pero tuvo suerte y aunque el rey hubiera podido retirarle las prebendas de cuajo, tragó el sapo de deshacer los tratos con el de Foix y siguió apoquinando guita. La reina “bella y gentil” lo convenció.

En 1418 se volvió al palacio real de Valencia, autorizada por el hijo de Fernando, Alfonso V que había sucedido a su padre. No por nada le llamaban “el Magnánimo”.

Alfonso el Magnánimo
Alfonso "EL Magnánimo"


La pareja llevaba un tren de vida que el rey por muy magnánimo que fuera no se podía permitir y fue cortando el grifo de forma progresiva hasta que en 1420 se retiraron al monasterio de Valdonzella que regía una tía suya. Allí continuaron viviendo de forma más modesta, la reina y su chambelán, a la vista de todos pero disimulando que dormían juntos (se ve que las monjas miraban para otro lado).

Así fue hasta junio de 1422 en que su querido chambelán pasó a mejor vida y Margarida volvió a ser, esta vez sí que sí, viuda.

Al cabo de tres años profesó como monja, eso sí, antes muerta que sencilla, y le pidió al rey “magnánimo” que le diera por fin la herencia de 30.000 florines (un pastón de la época) que le había dejado en el testamento su marido el rey Martí. Alfonsito le dijo que se contentara con 2.000 florines que bastantes años había estado apoquinando pasta a la supuesta “viuda” y no le quedó más remedio que recurrir al ajo y al agua (a joderse y a aguantarse).

Margarita de Prades
Margarida como abadesa


Se sabe que en 1426 estaba en nuestro Prades y que allí residía cuando en 1428 la nombran abadesa del cenobio de Bonrepòs, en la Morera de Montsant (Priorat), muriendo pocos meses después en 1429 a los 42 años (edad normal de palmarla por aquella época).

La enterraron en el cenobio del que era abadesa hasta el año 1475 que trasladaron los restos al monasterio de Santes Creus, mucho más glamuroso como enterramientos reales, ¡dónde vamos a parar!. Y allí está si queréis ir a visitar su tumba.

Monasterio de Santes Creus
Real Monasterio de Santes Creus


Queda un pequeño “fleco suelto”: ¿qué pasó con el bebé que Margarida parió en Perpinyà? ¿qué fue de Joan Jeroni?.

Os lo explicaré en el siguiente post

CONTINUARÁ

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